CULTURA
22/07/2026
George Lucas defiende la IA en el cine y la compara con la llegada del automóvil: \
Fuente: Netfan Servicios
El creador de 'Star Wars' dice que rechazarla equivale a aferrarse a una era ya superada, y sentencia que la adopción de esta herramienta es inevitable. "El cine no es una tecnología, es una idea", afirma
George Lucas respaldó el uso de inteligencia artificial en el cine en una entrevista con la recomendable revista cultural A Rabbit's Foot. El director y productor de 81 años comparó la resistencia a esa tecnología con la oposición inicial al automóvil. "La inteligencia artificial significa que es mucho más fácil hacer películas. Es muy parecido a estar aquí diciendo: 'Bueno, yo creo que el caballo y el carruaje es realmente lo que hay. Esos autos se rompen, necesitan combustible, hay todo tipo de problemas con ellos y pronto los convertirán en tanques, y entonces matarán gente. Es terrible.' No hay nada que puedas hacer al respecto. Eso es el progreso, es el futuro."
La postura de Lucas no es aislada en la industria. Directores como Gareth Edwards, responsable de Rogue One: A Star Wars Story y de Jurassic World Rebirth, también elogiaron la IA generativa. Peter Jackson ya había usado herramientas de IA en producción audiovisual. En el caso de Lucas, esa posición se apoya en su historial: fundó su compañía Industrial Light & Magic ante la imposibilidad de lograr los efectos visuales que imaginaba para Star Wars (1977) dentro de los sistemas existentes, y más tarde impulsó la edición digital cuando los límites del formato analógico le resultaron insuficientes. "No quería dirigir empresas de equipos", dijo Lucas a A Rabbit's Foot. "Solo quería el equipo."
Para Lucas, el cine no es una tecnología sino una idea: la imagen en movimiento. En la entrevista lo explicó con una anécdota sobre sus colegas de una fundación dedicada a la preservación del patrimonio cinematográfico: "Tengo muchos amigos que están conmigo en la Film Foundation, dedicada a salvar películas antiguas, y algunos de ellos dicen" —aquí adoptó una voz grave para imitarlos— "'Nunca haré digital. Lawrence de Arabia fue rodada en celuloide.' Y yo les digo: 'No, es cine. Es la imagen en movimiento. Eso es lo que es. No es una tecnología, es una idea.'"
Ante las preocupaciones por los riesgos de la IA —los deepfakes, la desinformación y la dificultad para distinguir contenidos reales de los generados artificialmente—, Lucas sostuvo que la propia tecnología ofrece herramientas para gestionarlos: "Si quieres una IA que te diga cuándo algo es falso y de dónde viene, la IA puede hacer eso. Los humanos no podemos, no somos tan inteligentes. La idea es que eres un ser humano, eres responsable de lo que dices y de lo que haces, y si estás haciendo algo ilegal debes ser castigado por eso. Hagas lo que hagas, debes ser reconocido. Es como la vida real."En su visión, la responsabilidad humana no desaparece con la automatización.
George Lucas también rechazó los focus groups y la lógica de aprobación masiva que, según dijo, condiciona parte de la producción de Hollywood: "No me gustan los focus groups. El público no sabe lo que quiere ver. Si no les gusta un personaje, eso es interesante, y como cineasta quiero saber por qué. Pero cuando los estudios escuchan eso, toman el mensaje equivocado. Dejan que el público haga la película. Por supuesto, ahora se vuelven locos con eso. Ahora todo gira en torno a lo que piensan los fans. Así no se hace una película. Una película se hace encontrando a alguien que sabe cómo hacerlas, que tiene una historia que contar y que es apasionado con ella."
Para Lucas, el cine es ante todo un medio emocional. "Vas al cine porque las historias te conmueven emocionalmente", afirmó. "El arte es un medio emocional." Esa convicción, dijo, la comparte desde hace décadas con Steven Spielberg: "Steven y yo siempre estuvimos de acuerdo en eso: lo que vendes, al final, es emoción."
El rechazo a esa lógica no implica, para Lucas, desprecio por el entretenimiento popular. Su argumento es que la accesibilidad no compromete la legitimidad artística. Lo ilustró con su experiencia como espectador en Modesto, California, donde había dos cines: uno para películas de categoría A y otro para las de categoría B. Fue en ese segundo donde descubrió las películas de Roger Corman, y fue al escaparse a San Francisco donde encontró el cine europeo de autor. "A veces estas películas eran seriamente experimentales, y me gustaban", recordó. "Me dije: 'Esto es genial. Puedo hacer esto.'"
Esa formación se tradujo en una red de relaciones que Lucas describió como el único sistema de retroalimentación en el que confía. Frente a los focus groups, opuso el criterio de sus contemporáneos: "Tenía un grupo de amigos con los que fui a la escuela: Marty Scorsese, Francis [Ford Coppola], Steven [Spielberg]. Todos éramos estudiantes al mismo tiempo, y todos nos conocemos muy bien. Sé cuáles son sus prejuicios. Cuando les muestro una película y hacen comentarios, sé de dónde vienen." Ese conocimiento mutuo, acumulado durante décadas, es lo que convierte esas opiniones en útiles. Lucas dice que no busca aprobación general sino perspectivas situadas, críticas que pueda leer con precisión porque conoce el marco desde el que se emiten.
La confianza en ese círculo coexistió, a lo largo de los años 80, con un compromiso por respaldar las visiones de otros cineastas. Tras el éxito de Star Wars y sus secuelas, Lucas destinó recursos a proyectos como Kagemusha (1980) de Akira Kurosawa, Indiana Jones y el Templo de la Perdición (1984) de Spielberg, Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985) de Paul Schrader y Tucker: El hombre y su sueño (1988) de Coppola.
Parte de la entrevista abordó las críticas recibidas por las precuelas de Star Wars y, en particular, por personajes como Jar Jar Binks o los Ewoks. Lucas respondió: "Los críticos y los fans que tenían 10 años cuando vieron la primera y 13 cuando vieron la segunda se quejaron de que no querían ver una película para niños. Todo el mundo decía lo mismo sobre R2-D2 y C-3PO. Al principio hubo una enorme presión para que me deshiciera de C-3PO, y luego en la tercera [El retorno del Jedi, 1983] la gente dijo lo mismo sobre los Ewoks: '¿En qué estás pensando? Quítate esos ositos de peluche, queremos ver una película para adultos.'"
Ante la pregunta de si le molestaba que sus películas posteriores no conectaran con el público adulto de la misma manera que las primeras, Lucas fue directo: "Bueno, es una película para niños. Siempre ha sido una película para niños." Esa posición se vincula con una idea de Star Wars como obra de entretenimiento popular accesible para todas las edades, con la infancia como horizonte narrativo central.
Cuando Lucas presentó American Graffiti (1973) a los estudios, la respuesta fue de indiferencia: "Dijeron: 'Bueno, no pasa nada.'" En un momento, el estudio llegó a planear estrenarla directamente en televisión bajo el título Another Quiet Night in Modesto, hasta que Coppola intervino. Con Star Wars, la reacción inicial del consejo directivo de 20th Century Fox fue similar: "Dijeron: 'Esto es terrible. Vendámoslo.'" Fue Alan Ladd Jr., entonces al frente del estudio, quien apostó por el proyecto. "Invirtió en mí, no en la película", recordó Lucas.
La trayectoria de George Lucas ofrece un marco para leer sus declaraciones sobre la IA. Cada vez que se enfrentó a una limitación tecnológica, su respuesta fue crear la infraestructura necesaria para superarla. Fundó ILM en 1975 para producir los efectos de Star Wars; desarrolló herramientas de edición digital cuando los límites del formato analógico le resultaron insuficientes; y fue uno de los primeros directores en apostar por las cámaras digitales en la producción de las precuelas, a finales de los años 90.
La entrevista con A Rabbit's Foot se produjo en la recta final de la construcción del Lucas Museum of Narrative Art, la institución que el director impulsa en el Parque Exposición de Los Ángeles. El museo, con 27.870 metros cuadrados, 35 galerías y una colección de más de 100 mil obras —pinturas, ilustraciones, fotografías y artefactos de la historia del cine—, abrirá sus puertas en los próximos meses. Lucas, que recientemente asumió el cargo de curador principal tras la salida de dos responsables del área, describió el proyecto como una extensión de su convicción de que el arte popular merece el mismo reconocimiento que las formas consideradas "elevadas".
"Me gustaría que la gente supiera que esto es arte real", dijo sobre la colección. "Porque gran parte de él nunca había sido considerado arte." La institución reúne obras de Norman Rockwell y Frida Kahlo, ilustradores como Kadir Nelson y Beatrix Potter, y artistas del cómic como R. Crumb y Alison Bechdel. Tras la adquisición del Separate Cinema Archive —una colección de cerca de 40 mil artefactos del cine afroamericano—, el museo amplió su alcance más allá de la visión personal de su fundador.
A los 81 años, George Lucas no parece interesado en defender su legado sino en ampliarlo. El hombre que retuvo los derechos de merchandising de Star Wars cuando los estudios descartaban la película, que fundó Industrial Light & Magic porque la tecnología disponible no alcanzaba para materializar su visión, y que fue pionero en llevar la edición cinematográfica al mundo digital, aplica ahora la misma lógica a un museo. "Lo que vendes, al final, es emoción", dijo, con la misma convicción con que décadas atrás le explicaba a los ejecutivos de Hollywood por qué un operario droide y un caballero robot dorado merecían estar en la pantalla grande. Que el American Film Institute haya dicho de él que "redefinió el cine estadounidense" no es una hipérbole: Lucas dirigió apenas seis largometrajes, pero sus decisiones —industriales, tecnológicas, narrativas— reformaron la arquitectura del entretenimiento global contemporáneo. El Lucas Museum of Narrative Art será, en ese sentido, su argumento más duradero: una apuesta por la legitimidad de lo popular construida con la misma terquedad con que construyó todo lo demás.
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