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01/03/2025

Milei unió al peronismo detrás de Kicillof, pero el armado electoral aún multiplica las grietas en todo el país

Fuente: telam

El Presidente le pidió la renuncia al Gobernador y propuso intervenir la provincia de Buenos Aires. La coalición peronista, en permanente tensión, respaldó al mandatario bonaerense

>El peronismo es un rompecabezas desperdigado por la Argentina. Grande, con piezas muy distintas y sin un hilo conductor. Muy atrás quedó el alineamiento de la mayoría sobre un liderazgo fuerte que los abrace. Lo que sucede en el presente es justamente lo contrario. Existe una subdivisión cada vez más marcada del espacio político. Una fragmentación.

El caso más trascendente es el de la provincia de Buenos Aires. El divorcio entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof parece estar cerca de consumarse. Pero siempre, por la flexibilidad y el pragmatismo del peronismo, queda una puerta abierta hasta el momento que, finalmente, suceden las cosas. Siempre.

Si desdobla, la intención inmediata será posicionarse como el gran elector de la provincia. El principal rival de Javier Milei en una agenda de temas extremadamente delicada, atravesada por muertes y robos que ponen la inseguridad como tema central de la campaña electoral.

En La Plata aseguran que el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, hace varios meses que venía trabajando bien con la titular del ministerio a nivel nacional, Patricia Bullrich. Pero que, de un día para el otro, esa buena sintonía se cortó. “Le bajaron línea de la Casa Rosada y ahora le impiden coordinar acciones con nuestro ministro”, explicaron cerca del Gobernador.

El pedido de renuncia e intervención que realizó Milei provocó lo imposible hasta el momento: la unidad de todo el peronismo detrás de Kicillof. Además de su gabinete, lo respaldó Máximo Kirchner, La Cámpora y CFK, reposteando en sus redes sociales un comunicado del PJ Bonaerense en respaldo al gobernador. Todos con Kicillof. La interna se paralizó por un rato.

La unidad es momentánea. De un rato. El pedido del Presidente los empujó a darse un abrazo a la distancia. Y se lo dieron. Pero la cercanía circunstancial no cambia la decisión de fondo. Al menos, por ahora. Porque el cambio de era está en marcha dentro de las cuatro paredes peronistas. Si llegará o no a destino es una gran incógnita.

Ese pensamiento flota sobre todo el arco ultra K. La única que puede ordenar al peronismo a nivel nacional es la ex presidenta. Eso creen y actúan en consecuencia. El principal problema que presenta esa idea es que hay rebeliones permanentes a sus órdenes y pedidos. Como si fuera la caída de un dominó, después de la rebelión de Kicillof empezaron a aparecer otros nombres que se sublevaron frente a la conducción de CFK.

La conducción dirigencial de ambas sedes partidarias disparó sin rodeos contra la ex presidenta y sus aliados. Hablaron de “golpe institucional” y “autoritarismo” como consecuencia de la intervención. Dividieron aguas entre el peronismo del interior y el kirchnerismo bonaerense. Así lo ven desde el norte del país. Dos peronismos. Dos miradas distintas que conviven cada vez peor.

CFK dio su primera orden en el PJ Nacional y se topó con la primera rebelión. La pequeña historia es muy representativa. A nadie se le hubiese ocurrido desautorizar su palabra en los tiempos de gloria del kirchnerismo, cuando sus máximos dirigentes caminaban los pasillos de la Casa Rosada cada día. Pero el tiempo, las derrotas y la falta de una sucesión cambiaron la historia.

Lewandowski se armó su propio espacio y se alejó del PJ santafesino. Coqueteó con la posibilidad de un gran acuerdo local, pero decidió encabezar una lista propia para las elecciones de convencionales constituyentes. Del otro lado quedó nada menos que La Cámpora, un grupo de senadores provinciales, el Frente Renovador, Ciudad Futura, de Juan Monteverde, y La Corriente, de Agustín Rossi. Volumen político.

El legislador profundizó un operativo despegue del kirchnerismo, con el que compartió cartel en las últimas elecciones a gobernador. No le bastó que Cristina Kirchner haya dejado saber que lo avalaba para ser el candidato de la unidad. “No quiero ser el maquinista del tren fantasma”, le dijo a los suyos cuando tuvo que explicar la negativa a cerrar un acuerdo con la mayor parte del peronismo.

Las negociaciones se rompieron esta semana. La senadora se cansó y pegó el portazo. Las elecciones del PJ de Jujuy serán en noviembre. Mientras tanto, seguirá intervenido. Pero en los comicios legislativos - mucho más trascendente que los partidarios - Moisés competirá con una lista propia. El peronismo jujeño, como en Santa Fe, se rompió.

Los bloques de diputados y senadores de Unión por la Patria (UP) están atados con alambres. Mantenerlos unidos será una tarea muy difícil para Germán Martínez y José Mayans. Hay choques de intereses cada vez más seguidos debido a las votaciones en el recinto o la organización en las provincias, en la antesala de las elecciones. La falta de un liderazgo que unifique esas posturas le da lugar a la multiplicidad de conflictos. Los acuerdos son muy dificultosos.

En el Senado hay un grupo de legisladores que tiene en carpeta armarse un bloque propio y dar el salto hacia fuera del esquema que domina el kirchnerismo. Si lo concretan, será una fragmentación más. Quizás no sea tan abrupta. Porque algunos de los involucrados piensan en la posibilidad de hacer un interbloque. Dependerá de las últimas diferencias que florezcan.

Las elecciones de este año serán un hito importante en el proyecto futuro del peronismo. Los nombres que jueguen, los que no lo hagan, los ganadores y los perdedores. Cada uno de esos detalles irá construyendo un nuevo mapa de poder. Y a partir de ese momento cada actor tendrá que decidir en qué equipo juega.

Fuente: telam

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